Feliz quien junto a ti por ti suspira!
Quien oye el eco de tu voz sonora!
Quien el halago de tu risa adora
y el blanco aroma de tu aliento aspira!
Ventura tanta -que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora-
el alma turba, al corazón, devora,
y el torpe acento, al expresarla, expira.
Ante mis ojos desaparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.
Trémula, en vano resistirte quiero...
De ardiente llanto mi mejilla inundo,
deliro, gozo, te bendigo y muero!
jueves, 15 de noviembre de 2007
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