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miércoles, 26 de enero de 2022

El amor, madre, a la patria

...
El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca;
...

Comienzo el año 2022 con este fragmento, el más conocido, del poema Abdala de José Martí. Y no lo he escogido al azar porque es un gran poema y me encanta y ya era hora de mencionarlo en el blog. No. Lo he escogido porque desde hace días, semanas, se me coló. Se me coló estando en Cuba, despidiendo el 2021. Se me coló, como a Villena, como se cuela una ráfaga por una ventana abierta.
El 31 de diciembre al atardecer, fui a despedirme del mar, y a la orilla de la playa me senté y lloré. Lloré como una adolescente a quien le acaban de romper el corazón. Como una niña que perdió su muñeca. Lloré desconsoladamente.
Fue allí, con mis pies enterrados en la arena bajo la cálida orilla del mar más hermoso, que me acordé de este poema, de este fragmento precisamente. Mientras me aferraba a mis últimos momentos junto al mar, un mar que no había visto ni tocado ni olido en mucho tiempo. Me acordé al sentir la añoranza por ese mar, por ese sol, por la arena. Sentí el amor a esas cosas, a la arena, a la tarde, a ese pedazo de tierra en el mar.
Este poema siempre me cautivó, aún lo hace. Pero ahora sus palabras han cobrado otra dimensión. Sí es el amor ridículo a la tierra, a la hierba que pisan mis plantas, a la arena que pisan mis plantas, al mar que me acompaña, al sol siempre cálido y reconfortante, al aire con olor de isla, a las piedras, a las palmas, a las construcciones. Rotas y viejas construcciones, llenas de recuerdos, llenas del pasado, llenas de mí. Sí es el amor a la tierra, ridículo o no, está por verse. Es el amor a los lugares, las calles, los parques, las casas, mi casa.

El amor a la patria, según lo define el poeta nacional en el poema, es: "el amor a este rincón de tierra" (punto de vista de la madre de Abdala) y/o "es el odio invencible a quien la oprime, el rencor eterno a quien la ataca" (punto de vista de Abdala).
Pero, para mi patria, a comienzos del año 2022 ¿quién es el opresor? ¿Quién ahora la ataca? ¿Quién es el enemigo? ¿A quién odiar? Es como querer vengar a alguien que ha muerto de cáncer, lenta y devastadoramente, mutación tras mutación. ¿A quién culpar de una muere por cáncer? Para Abdala era fácil definir a quién iba dirigido el odio, el rencor; al feroz conquistador que a la Nubia ataca. Pero para mí es difícil. No tengo bien definido un recipiente para el odio si de un cáncer se trata. Ni tengo tampoco tanto odio. Mi amor por mi patria lo defino de otra manera. Como emigrada que soy, lo define mi nostalgia del terruño. Lo definen mis buenos recuerdos. Lo define su gente. Lo define mi apoyo, mi ayuda, mis donaciones. Donaciones de chocolates y caramelos traducidos en sonrisas y alegrías. Lo definen esas sonrisas, esas alegrías, esos momentos. Momentos escasos y fugaces en que me siento como en casa, cuando el aire que respiro me resulta conocido, y las voces, los colores, los olores, el cielo, el mar... sobre todo lo define el mar. 
El mar es el epicentro del universo de toda isla, especialmente de esta isla tan aislada.

domingo, 27 de junio de 2021

Poema XVII

Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado...

El camino en donde, sin dejar huella, se dejó la vida entera.

Dulce María

domingo, 3 de enero de 2021

¿Qué es el tiempo?

Con este poema sobre el tiempo despido el año 2020, durante el cual muchos se han sentido robados de él, incluyéndome. Aquí la prueba, este post que debí publicar el 31 de Diciembre y no pudo ser. 
También es una buena manera de comenzar el nuevo año. ¿Qué mejor consejo, o resolución, podría ofrecerles que el de aprovechar el tiempo? Aunque no vuelve, podríamos usar la excusa del pasado año para esprimir este y aprovecharlo al máximo. 


¿Qué es el tiempo?
Me pregunto cada día que pasa sin notarlo.
Cuando me sumerjo en mis pensamientos y se esfuma...
Cuando miro las fotos y vuela intrépido sin dejar rastro...
Cuando pienso en ti y se esconde en algún rincón...
Cuando me dejo llevar por el agradable paisaje a traves de la ventana…
por las expresiones del espejo...
¿Qué es el tiempo?
¿A dónde va?
¿De dónde viene?
¿Cómo recuperarlo?
¿Es acaso el tiempo la vida, o es la vida tiempo?
Solo sé que no vuelve.
Nunca ha de regresar.
Nunca lo has de recuperar.
Por eso es tan preciado aunque no se puede comprar.
¿Qué diantres es el tiempo?
Ciertamente, ¿qué se yo?
Ciertamente, no es para gastar.
La tarea más difícil resulta ser...
Usarlo sabiamente.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Nina

Un día como hoy, 2 de diciembre, pero hace ya muchas primaveras y muchos inviernos... nació mi abuela. Claro que no nació siendo mi abuela, ella también fue una linda bebita de cachetes rosaditos y manitas pequeñas de bebé.

Abuela querida, donde quiera que estés te mando un beso, y un abrazo grande y fuerte... Te queremos mucho aunque ya no te vemos, y te extrañamos inmensamente.
Todavía no han construido la máquina del tiempo, pero en cuanto pueda poner un pie dentro de una, a donde primero iré, es a verte. Voy a regresar a cualquiera de esos días en que caminaba de Los Pinos hasta tu casita del Capri, y desde que entraba por la puerta de la calle ya se respiraba ese aire de paz, tranquilidad y amor que siempre reinaba en tu casa y alrededor tuyo.

Sin ella saberlo, hacía cumplir, lo que alguna vez dijo la Madre Teresa de Calcuta: "que nadie se acerque a ti, sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz", esa era mi abuela. Al menos conmigo siempre fue así. Siento mucho no habérselo dicho a cada instante, pero así me sentía cuando ella estaba. Así era para mí ir a su casa, era encontrar paz, era sentirme completa, bien, verdadera... 
Ahora eso me falta, será que a medida que vamos creciendo y volviéndonos adultos nos vamos descompletando.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Abuelo


Serás el viento que arrulla entre las hierbas

y rebeliones arma,

serás esa presencia de la aurora

cuando la noche parece más sórdida y más larga,

serás ese misterio de la vida

saliendo en la palabra;

serás el cáliz,

la multitud que ejerce la justicia,

ese  muchacho

enternecido, augusto,

que la muerte ha mandado a su pizarra.


(A quien le dieron nombre de manzana)

Carilda Oliver Labra.



Corría la tarde del 13 de marzo de 1957, apenas unas semanas antes habían celebrado en casa muy modestamente el primer cumpleaños de su primogénito. Como todos los mediodías, volvía a la casa para almorzar, darle de comer a las gallinas, los cerdos y los perros, y tomar una pequeña siesta durante las horas más calientes de la tarde, antes de volver al arado, donde trabajaba hasta que se ponía el sol.

Como de costumbre, al levantarse de su siesta se puso su camisa de mangas largas, su pantalón de trabajo, y se dirigió al patio que quedaba al fondo de la casa. Al pasar por la cocina encendió el radio. En la puerta trasera se puso las botas enfangadas, el sombrero de yarey y se dispuso a ponerle agua fresca a los perros. Los animales estaban muy inquietos, uno de los gallos del vecino del fondo había traspasado su cerca y comenzado una pelea con uno de los suyos. La desafortunada muerte de su gallo preferido y la discusión que sostuvo con el dueño del gallo matón, le retrasaron la vuelta al trabajo. Con decepción y tristeza soltó las botas en la entrada y fue a lavarse la sangre del gallito de las manos.

Un diminuto reloj de pared le indicaba que ya había perdido la primera media hora después de las tres, cuando poniéndose las botas para finalmente marcharse, oye en la radio, en voz del líder estudiantil José Antonio Echeverría, una noticia que cambiaría su vida y la de todos los cubanos. En ese momento acababa de ser ajusticiado el dictador Fulgencio Batista en su propia madriguera... No escuchó más, de un salto se levantó y se desprendió a correr hasta el medio del pueblo, donde se puso a gritar a todo pulmón: “Murió el tirano, murió el tirano”, con los brazos abiertos extendidos hacia arriba y los puños cerrados, festejando una victoria por mucho tiempo anhelada. Repitió sus gritos de júbilo un par de veces más hasta que una bala de la guardia rural lo tumbó de su encumbrado regocijo.

Afortunadamente no murió ese día, vivió para tener otros cuatro hijos más y verlos crecer y darle nietos. Tampoco murió Batista ese día. Pero desafortunada, triste y muy dolorosamente, y aun los que no lo conocieron lo sienten así, José Antonio (manzanita) no tuvo la misma suerte.

martes, 6 de octubre de 2020

Paro creativo en tiempos del Corona Virus

 ¿Y los poetas, escriben cuando están extremadamente tristes o extremadamente felices? ¿Cuando están enamorados, o cuando están desilusionados y se sienten perdidos? 

Yo siempre he pensado que los verdaderos poetas ven la poesía en todas partes y pueden encontrar inspiración en las más insignificantes cosas de la vida. Una vez, por ejemplo, hubo uno que se sintió inspirado por las manos de una mujer que vió un día mientras esperaba el tren. 

Yo trato de inspirarme también en las pequeñas cosas, me motiva muchísimo la naturaleza y todo lo fantástico que hay en ella, pero a diferencia de Dulce María, que tantas lineas le dedicó, yo tiendo más a deleitar el sentido visual y tiendo a captar esos picos de poesía en la naturaleza mediante la fotografía, no las palabras.

Tendría que inspirarme más bien con las personas, me encanta observarlas, pero aunque nunca las fotografiaría, si me encanta escribir sobre ellas y lo que imagino serían sus vidas. Pero, ¿cómo hacerlo en tiempos de cuarentena? No me relaciono con casi nadie, y tampoco quiero escribir sobre penas y pesares, ni de lo mal que anda el mundo, ni de pandemias... Todo cuanto pasa por mi mente es decepción, desesperanza, y hasta un poco de frustración que amenazan con pinchar mi burbuja creativa y no quiero escribir sobre eso, y lo estoy haciendo ahora mismo, lo siento... fin del post.

viernes, 26 de abril de 2019

Fragancia de primavera

Hoy quiero celebrar el hermosísimo mes de abril y todas las alegrías y flores que trae consigo, para ellos les dejo este poema de Nicolás Guillén.

Mariposa

Quisiera hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara sobre tu cuerpo cálido
de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

Nicolás Guillén

lunes, 8 de abril de 2019

Mi caballero

Para mis caballeros traigo este poema hoy. Uno de los mas conocidos de José Martí, sobre todo por los pequeños de la casa. Recuerdo de pequeña haber leído este poema una y otra vez hasta memorizarlo. Es precioso y está lleno de amor, tan contagioso que nos hace querer regalarselo a nuestros hijos, esos pequeños caballeros (y damitas también, ¿por qué no?) que nos despiertan con besitos de babita por las mañanas, y de un tirón nos quitan el sueño y nos alan a empezar el día ebrios de gozo.


MI CABALLERO

Por las mañanas
Mi pequeñuelo
Me despertaba
Con un gran beso.
Puesto a horcajadas
Sobre mi pecho,
Bridas forjaba
Con mis cabellos.
Ebrio él de gozo,
De gozo yo ebrio,
Me espoleaba
Mi caballero:
¡Qué suave espuela
Sus dos pies frescos!
¡Cómo reía
Mi jinetuelo!
Y yo besaba
Sus pies pequeños,
¡Dos pies que caben
En solo un beso!

                                   José Martí

jueves, 31 de enero de 2019

Con tantos palos

Para seguir con la racha de cubanía, este es el poema más conocido del poeta cubano Fayad Jamís Bernal, nacido en México pero vivió en Cuba desde pequeño hasta su muerte en 1988. Su padre era cubano de origen Libanés y su madre mexicana. Además de poeta, fue muchas cosas, pintor, periodista, diplomático, profesor de pintura, como él mismo se describe en el poema: un simple hombre alucinado que fabrica papalotes y poemas y otras patrañas que se lleva el viento.
Aquí les dejo el poema, uno de mis favoritos de todos los tiempos sin lugar a dudas. Fue por allá por el año 2000 que mi amiga Maritza González me introdujo a este poema por primera vez, y desde entonces me encantó. Gracias Mari, por todos los momentos (y los palos) que compartimos juntas (las 4) en nuestra fábrica de poemas y otras patrañas, pero sobre todo de "papelitos y cositas, carticas y mierditas". Espero que estés bien y que aún sigas dándole a la vida sueños. 

Con tantos palos

Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, y frío y tanto miedo.
Eres un loco de mirada triste
que sólo sabe amar con todo el pecho,
fabricar papalotes y poemas
y otras patrañas que se lleva el viento.
Eres un simple hombre alucinado,
entre calles, talleres y recuerdos.
Eres un pobre loco de esperanzas
que siente como nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida
y no te cansas de decir “te quiero”.

                                         Fayad Jamís

lunes, 24 de diciembre de 2018

Soltando amarras

Traspasada la ilusión
hizo agua el corazón
y se hunde con lo que queda
me distraje en la estación
esperando salvación
de otro tren que no llega
como circo de ciudad
bien anclado donde está
me deshice en su arena
aliviándome la sed
con oasis de mi fé
encaré todas las penas

Y corrí hacia el sol
quemé mi amor con luz
y el temor a ese callejón
donde dejas de ser tú
me venció

Cuando vi que nada fue
como quiso el querer
me dispuse a otra carrera
bien distante como ves
de esta tierra que no es
a no ser por sus dilemas
tendí puentes sobre el mar
bendecí poder cruzar
empezando vida nueva
vi una lágrima esconder
su mejilla en el quehacer
aliviando las secuelas

Y corrí hacia el sol
quemé mi amor con luz
y el temor a ese callejón
donde dejas de ser tú
me venció
olvidé el reloj
y al final sonó sin mí
y el perdón
ajustó un adiós
antes de verme mentir...

Excelente canción del grupo cubano de rock Tesis de Menta, del disco Luz.
No se pierdan el video clip aquí, es excelente tambien.

lunes, 12 de noviembre de 2018

La fuente de Narciso

En las cercanías de Madrid, la capital de España, y a orillas del río Tajo, hay un hermoso pueblo lleno de naturaleza y hermosos jardines llamado Aranjuez.
En uno de esos jardines, el llamado Jardín del Príncipe, se encuentra La fuente de Narciso.


Esta es la mitológica historia de Narciso, situado en lo alto de la fuente, inclinado sobre el agua contemplando su rostro, justo antes de caer en ella.


Cuenta la mitología que al poderoso Zeus le gustaba divertirse con las ninfas que vivían en el bosque, y que la diosa Era enferma de celos con frecuencia lo seguía por todas partes. Un día Era en busca de Zeus, llegó al bosque y se encontró con la ninfa Eco. A Eco le encantaba hablar, y le gustaba tener siempre la última palabra en toda conversación o discusión, por lo que las suyas se hacían interminables. Eco entretuvo a Era para que las ninfas pudieran escapar, y cuando esta descubrió la trama decidió castigar a Eco con la peor condena posible para la conversadora ninfa, perder el uso de la lengua y como le gustaba tener la última palabra la diosa le dijo que lo único que la ninfa podría decir en lo adelante era la última palabra que escuchara.
Eco se dedicó a la caza por los montes y los bosques, hasta que un día vió a un jóven extremadamente hermoso, llamado Narciso, y se enamoró perdidamente de él. Pero Narciso la rechazó. Fue tanta la vergüenza y la tristeza que sintió Eco, que se recluyó en las cavernas y los picos de las montañas sin querer ver jamás a nadie. Desde entonces cuando hablamos en cavernas o montañas, se oye a Eco que siempre nos responde repitiendo nuestra última palabra.

La frivolidad de Narciso no solo la manifestó rechazando a Eco, también lo hizo a otras ninfas del bosque. Una de ellas, que intentó en vano ganarse su amor, le rogó a Era que hiciera a Narciso experimentar el amor no correspondido, a lo que la diosa accedió condenándolo a enamorarse de la próxima persona que viera, fuera quien fuere. Narciso, que caminaba por el bosque, se inclinó sediento a beber de una cristalina fuente, y al ver su rostro perfecto reflejado en las mansas aguas, sus hermosos cabellos rubios hondulados, el azul profundo de sus ojos, la perfección de sus labios..., quedó perdidamente enamorado de sí mismo. La atracción era tal que Narciso no podía quitar sus ojos de aquella imagen. Se acercó para tratar de besarla, abrazarla, pero cayó al agua y murió. Las ninfas nunca encontraron su cuerpo. En su lugar surgió una hermosa flor de color blanco que conserva su recuerdo y lleva el nombre de Narciso.



lunes, 15 de octubre de 2018

Viaje a España

Cada ciudad y cada pueblo que visité en España se quedó con un pedacito de mi corazón...
Al volver a casa no me queda más que un vacío que me aprieta el pecho.
Un vacío impregnado de nostalgia y añoranza por unos días tan maravillosos.

viernes, 10 de agosto de 2018

El sonido de las sirenas

18 de Mayo de 2018

A raíz de la caída del avión de Cubana de Aviación, me encontré en un mar de nervios, pensando lo peor y me encontré también con esto que escribí hace unos años cuando estaba recién emigrada, y sentí resurgir ese sentimiento, ese miedo perenne que tenemos de perder a un ser querido.
Mis sentimientos acompañan a todos los que perdieron a alguien en este terrible accidente.

El sonido de las sirenas de los carros de bomberos o de las ambulancias siempre me ha asustado, me sobresalto cada vez que lo escucho porque entiendo que algo malo ha pasado, que ha ocurrido un accidente terrible y que en ese momento hay alguien en peligro, alguien puede estar entre la vida y la muerte.
Antes, cuando estaba en Cuba, me asustaba mucho y además de sentir pena por los accidentados, sentía el gran temor de que fuera alguien de mi familia, algún amigo o conocido mío, entonces miraba al cielo azul y le pedía a Dios egoístamente que fuera un extraño, un desconocido, que no fuera nadie cercano a mis sentimientos, que pudiera afectar mi estado de ánimo; aunque reconozco que ese sonido siempre me afectaba y me atormentaba de alguna manera, pues siempre que lo oigo siento pena, lástima y agradezco al cielo de no ser yo, de que no sean mi familia o amigos los que corren peligro.
Ahora vivo a media cuadra de una estación de bomberos de Toronto y oigo las sirenas más de 10 veces al día todos los días, y cada vez, cada una de las veces que las oigo pienso en mi tierra, pienso en el miedo que sentía cuando las oía allá y recuerdo el pasado. Ahora no siento tanto ese miedo, pues no tengo a nadie cercano aquí, solo temo por Osky, pero yo sé que el estará bien y que Dios nunca va a permitir que se aparte de mí nunca jamás, aunque sí la pena persiste por ese desconocido.
Ahora no temo que ese sonido pueda significar el anuncio del peligro o de una desgracia familiar, ahora solo pienso que si en verdad ocurriera, (Dios no lo quiera) no voy a enterarme, no lo voy a saber a tiempo, no lo voy a sentir, ahora este sonido de sirenas no puede avisarme, no dispara la alerta de mis sentidos, y solo pienso que la sirena maldita estará sonando en otro hemisferio lejos del alcance de mi oído, lejos, muy lejos de mí y no voy a poder percibirlo. No quisiera por nada del mundo que algo malo pasara, pero menos aun quisiera estar disfrutando, o riendo, o comiendo, o en el cine, o siendo feliz cuando la desgracia cae sobre un ser querido al otro lado del mundo.
11 de mayo de 2012, 10:35 am.

lunes, 26 de febrero de 2018

La bailarina española

El alma trémula y sola 
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega;
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiera un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es una rosa la boca;
Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...

Baila muy bien la española,
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a un rincón
El alma trémula y sola!

                               José Martí

miércoles, 3 de enero de 2018

Feliz Año 2018!

A propósito del mar, donde despedí el 2017 y recibí el año 2018 leyendo a mi favorita de todos los tiempos...

“Cuando vayamos al mar
yo te diré mi secreto:
Me envuelve, pero no es ola...
Me amarga..., pero no es sal...” 
                                             Dulce María Loynaz

lunes, 27 de noviembre de 2017

Debo ser feliz

Me encanta esa canción de Buena Fe y Frank Delgado..., super nostálgica, llena de simples y cotidianas verdades que me encharcan el corazón de multiples sentimientos que definen mi origen y le suben la temperatura a mi sangre independientemente de mi voluntad.

Aquí les va la letra (y aqui está la música) espero puedan escucharla y que la disfruten como yo, y que les saque a flote esos sentimientos encontrados, y que sirva para señalar aún más razones por las que debemos ser feliz ;)
(Happy Monday!)

"Debo ser feliz"

Debo ser feliz porque, aun sin oro,
hace tiempo que no lloro
y me levanto entre viril y enhiesto.
Debo ser feliz porque, aunque vi jugar a Capiró,
si hay un dueño de ese mes de abril,
ese soy yo, que sueño.
Colecciono sus consignas
cual si jubileos,
y hasta a veces creo que me las creo.

Debo ser feliz pues, con mi facha,
me amanece una muchacha
que en las noches se me viste de ciclón.

Debo ser feliz porque en la ducha
todo cuanto es "coger lucha"
lo condeno a ser espuma de jabón.

Y hasta me siento gigante
entregando el cuerpo a combustión.
Sé que cuando acabe el almanaque,
aún seré un gran soñador, soñador.

Debo se feliz porque me engancha
que a la gente que se marcha
de nostalgia se le encharca el corazón.
Debo ser feliz porque, de inventos
que me ingenio, me sustento,
fácilmente, sin sentirme tan
terriblemente ladrón,
Y en la lógica de los cien años de perdón,
tengo síntomas del hombre nuevo.

Debo ser feliz porque, aun sin oro,
hace tiempo que no lloro
y me levanto entre viril y enhiesto.

Debo ser feliz porque el olor a café me calienta la sangre.

Debo ser feliz porque jugar cuatro esquinas me sabe a domingo.

Debo ser feliz porque me encanta enamorar y apretar en un parque.

Debo ser feliz si el culebrón noticiero no logra amargarme.

Debo ser feliz porque la moda me importa un papel sanitario.

Debo ser feliz porque en mis libros me voy, sin sacar pasaporte.

Debo ser feliz si enemigos y amigos están de soporte.

Debo ser feliz.

viernes, 27 de octubre de 2017

El breve espacio en que no estás

Esta canción me toca cada vez que la escucho... como casi todas la canciones de Pablo.
Hoy la escuché cuando manejaba para la oficina y se me ocurrió compartirla aquí con uds. Espero les guste.

El breve espacio en que no estás

Todavía quedan restos de humedad
Sus olores llenan ya mi soledad
En la cama su silueta
Se dibuja cual promesa
De llenar el breve espacio
En que no está

Todavía yo no sé si volverá
Nadie sabe, al día siguiente, lo que hará
Rompe todos mis esquemas
No confiesa ni una pena
No me pide nada a cambio de lo que da

Suele ser violenta y tierna
No habla de uniones eternas
Mas se entrega cual si hubiera
Sólo un día para amar
No comparte una reunión
Mas le gusta la canción
Que comprometa su pensar

Todavía no pregunte «¿te quedarás?»
Temo mucho a la respuesta de un «jamás»
La prefiero compartida
Antes que vaciar mi vida
No es perfecta, mas se acerca
A lo que yo simplemente soñé

Pablo Milanés

viernes, 29 de septiembre de 2017

Almond Trees

Have you ever seen an almond tree? In real life I mean...
Have you touched it? Have you smelled it?

I have!

It is amazing... the smell, the welcoming shade, the peaceful feeling, the overall sensation is rare and particular.

When I was growing up, in my hometown (somewhere on a tropical island) there were almond trees everywhere, and we kids used to sit under their cool shade during those long hours of the midday when the sun was just on top of our heads and everything was so hot. Nothing was more relaxing and fresh than the shade of a good big tree.

There was a very old and big almond tree in the front my house when I was a little girl. My grandma used to bring the rocking chair all the way from the porch and place it right under the tree, on the side where the shade was wider. In the morning she sits there and peels oranges we both eat, and then she hangs the long pieces of peel on the tree branches. In the afternoon she rocks me in the chair while we wait for mom and dad to come back from work. At night she goes to the rocking chair under the tree, and just sings and hums... sometimes when I'm not sleeping yet I join her, and we sing while she caresses my hands with her big and delicate hands. Those same hands that many years earlier planted that tree when my grandpa was just finished building the house.
That almond tree was part of the house and the family, no wonder why grandma cried so much when they felled the tree. It was so strong and big, its roots were breaking and lifting the tile floor of the porch, and some said it could even bring the house down. The nice shade was gone, along with the almonds and the leaves, but for a few more years we had the base of the trunk in front of the house because they couldn't take it out.
One day, not long after, my mom told me grandma was gone. Where? Why? I asked. Like grandpa, she said. Liar! I shouted and ran out to the trunk and sat there for hours, watching to both sides of the sidewalk, waiting for grandma to come back home.

The ground surrounding the almond trees was usually full of its fallen fruits, sometimes ripped, sometimes green, sometimes dried out. Those fruits are really delicious (once you get to know them) and so much fun, they would entertain us kids for hours, while chatting, singing or playing silly games. The green ones, we don't touch. The yellow or red ones, we eat the outside fleshy cover until we get to the woody-hairy part, then we smash it with a rock, and inside is where the almond we know is.
But even this smash needs a subtle touch of expertise. If you do it too hard, the almond inside would break into pieces and would mix up with some parts of the shell, and that there is a wasted almond. On the other hand, you need to put some strength to it since this cover is hard, like when you crack a nut. A nutcracker would have come very handily, but we didn't have any of those, so we used rocks, big solid hard rocks. The technique is to put it horizontally on a hard surface with the belly to the side, so when you hit it, it opens evenly and the almond inside stays intact. The dried ones, were the best to crack open, way easier, without the splash of juice when you hit it, but no flesh in the outside to taste.
And finally, we get to the best part, eating the almond inside! It would take a lot of time and lots of fruits to get to eat just a few almonds... but it was worth it and so satisfying and dangerous... more than one finger was wounded in this smashing battle! Also, the super staining juice of this fruits would stay in the rocks we used to open them, on our fingers, teeth, clothes, shoes, everywhere, ... causing us lots of troubles at home. This activity was kind of vetoed by Moms, yet another reason to enjoy it.

Under the almond tree at the back of my school's yard, my friend Zahily confessed me the story of her first kiss, the same tree I came crying to when my friend Adlin and I stopped talking to each other for God knows what silly reason..., that same almond tree where the three of us buried a goodbye letter for our classmate Dolores when she died at age 7.
That was my favorite place in the whole world when I was a child, nothing was more soothing for me than that smell, the cool and freeing breeze under those evergreen leaves, the sound of the wind moving those leaves with that unique rhythm, and that memory of me laying at its feet with my back on the ground and my legs up on its trunk, looking up at the blue sky beyond.

When I was a teenager, there was a special almond tree in the front of the school building during my years of boarding school. A quiet place, always empty of people, that instantly became my place, under my almond tree. The place I spent so many afternoons hiding from work with my close friends, laughing, sharing, telling... all while pilling and eating almonds.
This majestic tree kept most of my secrets, and all of my tiers, this was the only place I allowed myself to cry in the outside. It kept me company throughout those unforgettable sunsets I wanted to share only with myself. And also during those extremely hot nights when I couldn't sleep. Like that June night when I found a "declaration of love" letter in my bed, from my best friend, that night I knew I had lost him. And the night I ran out of the dorm room because one of my roommates was having intercourse with one of my friends' boyfriend. I sneaked out unnoticed in the middle of the night, angry, sad, confused... and I ran to my tree and just sat there for hours under the stars.
One of those sleepless nights, my tree and I were caught by surprise, an intruder. It was a boy, the new guy. It was his third night at the school, and at "My tree", he called it. How dared he? It was mine, my special place, my tree. But he was kind, super cute and had a very romantic night voice... so I listened to him for hours, we talked and talked, and got comfortable, so we came back the next night, and the night after that, to talk, to laugh, to read, until one night that (just like Francesca y Paolo) we read no more...! Under that almond tree we kissed for the first time, and years later for the last. Right there he became my soul mate, my sweetheart.
That tree was the last thing I kept my eyes on the last day of school when I was leaving for good after graduation. That was the one place I didn't want ever to forget (like if I could).

Today when I eat them from those bags of roasted almonds, it feels so easy... so far away, but at the same time I remember the old times, and those images of children cracking them under the tree come to life, and those memories become so vivid that I can almost feel the resin sensation in my fingertips and my teeth, that sweet and sour taste of the past.
Today I have no almond tree to run to, only in my memories, they live in me and they will always be there for me when I need them.

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lunes, 25 de mayo de 2015

A quien le dieron nombre de manzana

Hoy estaba releyendo este magnífico poema de Carilda Oliver Labra pues lo quise incluir en mi novela y así lo hice. Alerto, siempre me saca las lágrimas. Espero les guste como a mí y lo disfruten, forma parte de su libro de poemas: "Los huesos alumbrados" y está dedicado a José Antonio Echeverría.

Sangre que está moviendo todavía
su cortada paloma
por nuestro cielo como un signo.
Sangre con la centella,
con todos los silencios
que asume la muerte cuando es bárbara
y no mata.
Sangre en este pan que nos comemos.

¿Dónde te pongo así para que crezcas,
sobrio clavel;
dónde te siembro
para que vuelvas a nacer como fortuna
de la patria?
Aún tienes esa fuerza,
ese bendito rayo,
ese perfume de los hombres;
ese tu amor, tu amor, que no se acaba.

¿Dónde te entierro,
dime,
dónde fundo
tu corazón para que dure?

¿Dónde te pongo así
para que vuelvas otra vez como verano,
como raíz
que no se pudre,
alta,
rebelde,
fiel,
multiplicada?

¿Dónde te pongo ángel,
fiera,
a quien le dieron nombre de manzana,
y ya gobierna más que el paraíso
entre estudiantes y proclamas?

Serás el viento que arrulla entre las hierbas
y rebeliones arma,
serás esa presencia de la aurora
cuando la noche parece más sórdida y más larga,
serás ese misterio de la vida
saliendo en la palabra;
serás el cáliz,
la multitud que ejerce la justicia,
ese muchacho
enternecido, augusto,
que la muerte ha mandado a su pizarra.

Te conocí la entrega
a una misión de luces
misteriosa;
te conocí el oficio de eternidad
debajo de los párpados,
la sombra donde te germinaban sueños y tareas.
En esa boca no hubo despedida
sino arena,
esos ojos no se cerraron nunca
sino que miran para adentro
donde estás preparando barricadas.

Vuelves
armado de tu lápiz,
haces tu posta en los amaneceres
subiendo como un sol La Escalinata:
¡que no te asesinaron nunca,
que no pueden contigo los cobardes,
que no te han hecho nada!
porque nadie ha sabido detener el alba;
y regresas cantando
de nuevo hacia la lucha,
y animas los fusiles en la Sierra,
poderoso,
absoluto,
vivo ya para siempre,
en una carcajada de combate
que se deshace en balas.

Marzo 13, 1958. Primer aniversario de la muerte de José Antonio.


lunes, 13 de agosto de 2012

Nostalgia

En griego, "regreso" se dice nostros. Algos significa "sufrimiento". La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. La mayoría de los europeos puede emplear para esta noción fundamental una palabra de origen griego (nostalgia) y, además, otras palabras con raíces en la lengua nacional: en español decimos "añoranza"; en portugués, saudade. En cada lengua estas palabras poseen un matiz semántico distinto. Con frecuencia tan solo significan la tristeza causada por la imposibilidad de regresar a la propia tierra. Morriña del terruño. Morriña del hogar. En inglés sería homesickness, o en alemán Heimweh, o en holandés heimwee. Pero es una reducción espacial de esa gran noción. El islandés, una de las lenguas europeas más antiguas, distingue claramente dos términos: söknudur: nostalgia en su sentido general; y heimfra: morriña del terruño. Los checos, al lado de la palabra nostalgia tomada del griego, tienen para la misma noción su propio sustantivo: stesk, y su propio verbo; una de las frases de amor checas mas conmovedoras es styska se mi po tobe: "te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia". En español, "añoranza" proviene del verbo "añorar", que proviene a su vez del catalán enyorar, deribada del verbo latino ignorare (ignorar, no saber algo). A la luz de esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé que es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él. Algunas lenguas tienen dificultad con la añoranza: los franceses solo pueden expresarla mediante la palabra de origen griego (nostalgie) y no tienen verbo; pueden decir: je m'ennuie de toi (equivalente a "te echo de menos" o "en falta"), pero esta expresión es endeble, fría, en todo caso demasiado leve para un sentimiento tan grave.